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Jean-Paul Sartre trabajando en su despacho.

Sartre, entre la libertad y la nada

-Sartre se pregunta cómo es posible que en un mundo tan rígido, inmóvil y determinista pueda existir algún hombre libre. Para el filósofo, el para sí sigue siendo el único lugar desde el que postular la idea de libertad.

 

Texto literario

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La existencia del prójimo

Extracto de Sartre donde profundiza sobre la existencia del ser.

Esa mujer que veo venir hacia mí, ese hombre que pasa por la calle, ese mendigo al que oigo cantar desde mi ventana, son para mí objetos, no cabe duda. Así, es verdad que por lo menos una de las modalidades de la presencia a mí del prójimo es la objetividad. […] si esta relación de objetividad es la relación fundamental entre el prójimo y yo, la existencia del prójimo sigue siendo puramente conjetural. Pero es no solo conjetural sino probable que esa voz que oigo sea la de un hombre y no el canto de un fonógrafo, y es infinitamente probable que el transeúnte que percibo sea un hombre y no un robot perfeccionado. Esto significa que mi aprehensión del prójimo como objeto, sin salir de los límites de la probabilidad y a causa de esta probabilidad misma, remite por esencia a una captación fundamental del prójimo, en que este no se me descubrirá ya como objeto sino como «presencia en persona». En una palabra: para que el prójimo sea objeto probable y no un sueño de objeto, es menester que su objetividad no remita a una soledad originaria y fuera de mi alcance, sino a un vínculo fundamental en que el prójimo se manifieste de otro modo que por el conocimiento que tengo de él. Las teorías clásicas tienen razón al considerar que todo organismo humano percibido remite a algo y que aquello a lo que remite es el fundamento y la garantía de su probabilidad.

Pero su error es creer que esa remisión indica una existencia separada, una conciencia que estaría detrás de sus manifestaciones perceptibles como el noúmeno está detrás de la Empfindung kantiana. Exista o no esta conciencia en estado separado, el rostro que veo no remite a ella; ella no es la verdad del objeto probable que percibo. La remisión de hecho a un surgimiento en relación gemelar en que el otro es presencia para mí, se da fuera del conocimiento propiamente dicho –así se lo conciba como una forma oscura e inefable, del tipo de la intuición–, en suma, en un «ser-en-pareja-con-el-otro». En otros términos, se ha enfocado generalmente el problema del prójimo como si la relación primera por la cual el prójimo se descubre fuera la objetividad, es decir, como si el prójimo se revelara primero –directa o indirectamente– a nuestra percepción. Pero, como esta percepción, por su propia naturaleza, se refiere a otra cosa que ella misma y no puede remitir ni a una serie infinita de apariciones del mismo tipo –como lo hace, para el idealismo, la percepción de la mesa o de la silla– ni a una entidad aislada situada por principio fuera de mi alcance, su esencia debe referirse a una relación primera de mi conciencia con la del prójimo, en la cual este debe serme dado directamente como sujeto, aunque en unión conmigo, y que es la relación fundamental, el tipo mismo de mi ser-para-otro.

JEAN-PAUL SARTRE, El ser y la nada

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