-La revolución astronómico-cosmológica iniciada en el siglo XVI, y profundizada por autores como Bruno y Kepler, se transforma en el siglo XVII en una revolución científica total. De ella surgirán la ciencia moderna y la física matemática.
La difusión de los escritos de Galileo, un laico que pretendía decir a los teólogos y doctores de la Iglesia cómo debían interpretarse las Escrituras y que lo hacía en contra de la exégesis patrística o tradicional, motivó la intervención de la Inquisición, que en 1616 condenó la tesis del movimiento de la Tierra como una «doctrina falsa y contraria a la Escritura».
Se prohibió el De revolutionibus «hasta que fuera corregido», es decir, hasta que las tesis que afirmaban el movimiento de la Tierra y la centralidad solar fueran presentadas como meras hipótesis matemáticas sin valor físico, destinadas únicamente a establecer un cálculo para predecir los movimientos celestes.
La Iglesia hacía suya la interpretación de Copérnico que se había puesto en circulación en medios protestantes y que se denomina «interpretación de Wittenberg», que, sin embargo, en medios protestantes, había quedado neutralizada por el apoyo de Calvino a la teoría de la acomodación, lo que permitía, precisamente, por ejemplo, a Kepler, el libre desarrollo del copernicanismo como cosmología. El 24 de febrero de 1616 el cardenal Belarmino, miembro del Santo Oficio, comunicaba personalmente a Galileo la resolución del Tribunal y por ello le conminaba a no hablar y defender el movimiento de la Tierra salvo como hipótesis matemática.